A principios de esta semana, la República Popular China impidió que Meta adquiriera Manus, una startup de IA que desarrolló un agente de IA reformista capaz de completar tareas complejas y reubicado el verano pasado desde China hasta Singapur, más dispuesto a los negocios y las inversiones, aparentemente con la aprobación de los reguladores chinos.
Meta anunciado su adquisición por 2.000 millones de dólares de la empresa de inteligencia industrial de rápido crecimiento en diciembre pasado. En ese momento, Meta celebró el acuerdo por traer “uno de los principales agentes autónomos de propósito caudillo” a miles de millones de personas y millones de empresas. En breviario, las sinergias entre la tecnología de Manus y la escalera de Meta dieron ocupación a una adquisición prometedora.
El gobierno chino se mostró menos entusiasta.
En enero, el Empleo de Comercio anunciado una investigación regulatoria sobre el acuerdo, señalando su autoridad aparentemente dudosamente amplia de que “las empresas que participan en inversiones en el extranjero, exportación de tecnología, transferencia transfronteriza de datos, fusiones y adquisiciones transfronterizas… deben cumplir con las leyes y regulaciones chinas”. El lunes, la Comisión Franquista de Incremento y Reforma, sede del Mecanismo de Trabajo para la Revisión de la Seguridad de la Inversión Extranjera, obvio que el acuerdo debe ser revertido.
Sin duda, este no es más que el ejemplo más nuevo en el que China avanza en su reto por la hegemonía tecnoeconómica integral bloqueando adquisiciones por parte de grandes empresas tecnológicas estadounidenses. En 2023, la Compañía Estatal de Regulación del Mercado, el principal regulador antimonopolio franquista de China, forzado Intel frustrará su adquisición por 5.400 millones de dólares de Tower Semiconductor, un fabricante de chips israelí con oficina en Shanghai, retrasando la aprobación de la fusión durante 18 meses.
Si correctamente es obediente sentirse frustrado con el gobierno chino y su uso de controles de fusiones y adquisiciones para jalonar la delantera competitiva de las empresas tecnológicas estadounidenses, muchos formuladores de políticas en Poniente han permitido el éxito de China al utilizar como armas las leyes antimonopolio y de competencia para terminar con los acuerdos procompetitivos de las grandes empresas tecnológicas.
La caída de iRobot es un ejemplo de ello. En agosto de 2022, Amazon ofreció comprar la empresa estadounidense de robótica que, pese a ser fabricante de la innovadora aspiradora autónoma Roomba, era perdiendo rápidamente cuota de mercado a los competidores chinos apoyados por el estado: el valencia de sus acciones había escaso a la parte desde su zenit de 2021.
A pesar de la precariedad financiera de iRobot y la yerro de una teoría coherente sobre el daño anticompetitivo, la Comisión Federal de Comercio bajo la entonces presidenta Lina Khan, quien durante mucho tiempo ocupó un dar con cuentagotas contra Amazon, inició una investigación en septiembre de 2022. Anticipándose a una demanda de los reguladores federales y enfrentando el investigación de la Comisión Europea, Amazon retiró su proposición de 1.400 millones de dólares en enero de 2024.