La crimen inexplicable este mes de un técnico de laboratorio ruso en una instalación siberiana para el estudio de patógenos peligrosos generó ansiedad general sobre la posibilidad de un brote de peste neumónica.
Pero si admisiblemente la causa de preocupación -ligada a la errata de transparencia de Moscú- era nueva, el interior helado de Rusia ha sido durante mucho tiempo fuente de otro temor de que puedan abrigar riesgos de enfermedades para las que el mundo no está preparado.
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Las autoridades rusas impusieron medidas de contención tras la crimen del adolescente de 28 primaveras por lo que dijeron era una pulmonía de “orígenes desconocidos”, lo que llevó a Estados Unidos a pedir más información. Un referencia de la Estructura Mundial de la Vigor publicado el sábado dijo que las autoridades rusas no encontraron signos de un brote de peste o de alguna otra enfermedad infecciosa, pero no proporcionaron detalles suficientes para identificar el origen de la enfermedad de la mujer o afirmar si la exposición en el trabajo jugó un papel en ella.
La vasta naturaleza de Siberia alberga reservorios naturales de patógenos, desde pulgas que propagan la peste que se encuentra en marmotas y ardillas hasta garrapatas portadoras de encefalitis y antiguos patógenos congelados en la capa de permafrost.
El instituto ruso donde trabajaba el técnico de laboratorio se creó en la división de 1930 como una temporada de prevención de plagas para frenar los brotes de la mortal enfermedad bacteriana que afectaba periódicamente a las poblaciones locales, así como a la masa de la vecina Mongolia y la región china de Manchuria. La enfermedad, para la cual se iniciaron los primeros tratamientos con antibióticos en esa división, podría transmitirse a través del contacto con marmotas, que eran cazadas por su carne y a veces consumidas poco cocidas o incluso crudas, como en un caso de 2019 de una pareja mongol.
El consolidación de Siberia, que tuvo una fiebre del oro en el siglo XIX y sirvió como sitio de deportación para criminales bajo el Imperio ruso, conectó la remota región con las partes occidentales del imperio y aumentó el aventura de que la peste se extendiera más con destino a el oeste, de la misma guisa que las enfermedades epidémicas de la Rusia europea, como el cólera y el tifus, llegaban fácilmente a Siberia a través de la migración de trabajadores y oportuno a la marcha casi total de atención médica.
Un estudio publicado este año sugirió que las bandas de cazadores-recolectores que habitaban la región del lagunajo Baikal fueron víctimas del brote de peste más antiguo conocido, hace unos 5.500 primaveras. Hasta el día de hoy, la peste sigue siendo endémica en partes de Siberia y el Apartado Oriente ruso, donde la microbio persiste de forma natural entre los roedores salvajes.
Sin secuestro, los casos humanos en Rusia son raros. La última infección humana registrada en el país fue en 2016, cuando un chico de 10 primaveras en la región de Altai contrajo peste a posteriori del contacto con una marmota.
La amenaza de enfermedades peligrosas proviene no sólo de la vida silvestre sino además de los microbios y virus milenarios almacenados en el permafrost que subyace a la gran mayoría de la región.
Hace aproximadamente una división, un clase de investigadores aisló “virus zombis” del permafrost siberiano, lo que generó temores de que una enfermedad del pasado distante pudiera desencadenar una nueva emergencia médica general.
El permafrost, una masa oscura, fría y sin oxígeno, es un contenedor consumado para acumular material biológico, y los científicos creen que en sus niveles más profundos puede contener virus de hasta un millón de primaveras de decadencia, mucho más antiguos que un hombre sabiola especie humana moderna.
En 2023, los investigadores, dirigidos por Jean-Michel Claverie de la Universidad de Aix-Marsella en Francia, publicaron un estudio histórico en la revista Viruses que documenta el resurgimiento de virus antiguos del permafrost siberiano.
El referencia advirtió que el acelerado deshielo del permafrost causado por el cambio climático plantea una amenaza potencial para la lozanía pública al liberar patógenos latentes. El equipo de Claverie aisló 13 virus antiguos extraídos de lugares de Siberia, pertenecientes a cinco nuevos grupos virales. El longevo, un yedoma pandoravirushabían estado congelados bajo un lagunajo subterráneo durante 48.500 primaveras, mientras que otras cepas más jóvenes (en torno a de 27.000 primaveras) se extrajeron de los restos del estómago de un mamut lanoso y de la vellón de mamut.
Otros investigadores han señalado que, aunque los virus revividos pudieron infectar amebas en condiciones de laboratorio, no está claro si dichos virus podrían infectar a animales o humanos, o encontrar un huésped fuera de un laboratorio controlado.
Claverie y su equipo advirtieron en ese momento que las incógnitas permanecen enterradas en el permafrost, y que un clima más cálido, que además abriría tierras previamente vírgenes a un crecimiento más profundo, podría exponer a las personas a patógenos que afectan a los humanos.
En 2016, el cambio climático contribuyó a la permiso de carbunclo en la remota región de Yamalo-Nenets en Siberia, dijeron los expertos en ese momento. Las temperaturas inusualmente altas de ese verano, que alcanzaron los 95 grados Fahrenheit, derritieron el permafrost y, según una hipótesis, expusieron un difunto de reno infectado. El patógeno se propagó a los renos vivos y, finalmente, a una comunidad de pastores nómadas, donde murió un chico de 12 primaveras.
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Este artículo apareció originalmente en el Washington Post en https://washingtonpost.com/world/2026/10/14/dangerous-pathogens-have-lurked-millennia-russias-frozen-lands/