Resultados de las elecciones en Israel: cómo salir del estancamiento


Jerusalén —

Israel enfrenta semanas, posiblemente meses, de orla político a posteriori de que los resultados finales muestren que no hay un vencedor claro en sus elecciones.

Ningún de los dos bloques principales –uno liderado por el partido derechista Likud del Primer Ministro Pequeño Netanyahu, el otro liderado por el partido centrista Yashar de su principal rival, Gadi Eisenkot– ha pillado la mayoría de 61 escaños requerida para formar un gobierno en el parlamento de 120 escaños de Israel.

Entonces, ¿cómo podría formarse un nuevo gobierno?

Ciertamente, no parece claro, ya que las divisiones políticas e ideológicas profundamente arraigadas hacen casi inútil cualquier coalición aparentemente sencilla.

Aún así, se puede hacer, incluso si el resultado es una alianza tenue que sobrevive poco más de un año aproximadamente en el poder. Si los líderes de los partidos no pueden resolverlo en las 12 semanas que tendrán disponibles, entonces los israelíes volverán a las urnas.

Aquí hay algunos escenarios potenciales que podrían evitarlo.

Sobre el papel, el camino más seguro de la examen para derrocar a Netanyahu se basamento en la cooperación árabe-judía. Y ese es su veterano obstáculo.

Dos de los líderes de los partidos de derecha del pedrusco de examen, el ex primer ministro Naftali Bennett y el ex ministro de Defensa Avigdor Liberman, se oponen a cualquier gobierno que dependa de los dos partidos árabes en el parlamento –la Directorio Conjunta y Raam–, ya sea desde interiormente de la coalición o como partidarios externos de un gobierno minoritario. Los dos líderes han endurecido sus posiciones desde el ataque liderado por Hamás el 7 de octubre de 2023.

Sólo un gobierno en la historia de Israel ha disfrutado de la plena décimo de un partido árabe. Raam formó parte de una coalición de ocho partidos que logró derrocar a Netanyahu en 2021, pero colapsó poco a posteriori de un año en el cargo.

Incluso sin formar un gobierno, los partidos de examen aún podrían trabajar juntos y utilizar su mayoría parlamentaria para reemplazar al presidente de la Knesset, conexo con otros puestos esencia, y así demarcar el gobierno momentáneo de Netanyahu mientras continuaba en el poder. Pero las perspectivas de formar una coalición para reemplazarlo como líder de Israel siguen siendo muy complicadas y políticamente cargadas.

Otra opción sería la implosión de los dos bloques a honra de un gobierno de mecanismo. El partido Likud de Netanyahu ciertamente estaría involucrado, conexo con algunos de sus socios de coalición existentes, así como –de guisa crucial– al menos un partido del pedrusco de examen.

Se cree que Netanyahu, en este caso, está dispuesto a separarse de su ministro de Seguridad Doméstico de extrema derecha, Ben-Gvir, pero no del ministro de Finanzas de extrema derecha, Bezazel Smotrich, y de los partidos ultraortodoxos.

Eisenkot, sin confiscación, ha descartado sentarse con Netanyahu, y muchos israelíes desesperados por ver la espalda de ‘Bibi’ lo considerarían un acto de traición si cambiara de opinión.

Otro tablado podría ver a Netanyahu fomentando deserciones de partidos de examen o de legisladores individuales.

Pero los cuatro líderes del pedrusco de examen (Eisenkot, Bennett, Liberman y Yair Golan) han claro que no se sentarán con él. Y como al pedrusco de Netanyahu le faltan ocho escaños, persuadir a ocho desertores individuales pone el cinta muy stop.

Mientras todas estas posibilidades se discuten en segundo plano, el presidente israelí, Isaac Herzog, celebrará una ronda muy pública de consultas con los líderes de los partidos que han llegado al parlamento.

Una vez que haya solicitado sus opiniones, encargará a uno de esos líderes la tarea de intentar formar un gobierno. Se aplazamiento que los partidos árabes expresen su apoyo a Eisenkot, por lo que se podría pedir al líder de Yashar que vaya primero.

Quien obtenga el conocido bueno tendrá 28 días para completar el trabajo, con una posible extensión de 14 días si es necesario.

Si todo fracasa, el presidente pedirá a un segundo líder que lo intente. Tienen 28 días sólo para solucionarlo.

Luego de eso, una mayoría de miembros de la Knesset podría pedirle al presidente que encargue a un tercer candidato, quien luego tendrá 14 días para formar una coalición.

Si mínimo de esto produce un gran avance, habrá otras elecciones.

La persona que parece estar mejor situada para navegar este calendario es Netanyahu. Como primer ministro momentáneo, puede permitirse el postín de esperar: si su principal rival, Eisenkot, tiene la primera oportunidad (y fracasa), es probable que el mandato pase a él. Y si él asimismo fracasa, parece seguro que el estancamiento político llevará a Israel a otra ronda de elecciones, en las que Netanyahu seguirá siendo momentáneo durante meses, hasta que se forme otro gobierno.

Una repetición de las elecciones –que no se produciría antaño de la próxima primavera– es una posibilidad verdadero, ya que estos resultados parecen destinados a devolver a Israel a un estado de parálisis política y a lo que serían las séptimas elecciones generales en ocho abriles.

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